# 45

Con las comunidades miskitas

Contexto

El abandono de la comunidad miskita

Un lugar

La Costa Caribe Norte de Nicaragua

Cambio

5 Cambios que mejoran la vida

Impacto

Comunidades más fuertes

Derechos

Diplomado para el cambio

Gobernanza y Sociedad civil

21 planes de desarrollo comunitario

Mujeres

Mujeres más autónomas

Solidaridad Internacional

Soberanía alimentaria

Medioambiente

¡Seguimos logrando cambios positivos!

Solidaridad Internacional

Con las comunidades misquitas

Artículos en este número...

  • 1
    El abandono de la comunidad miskita
  • 2
    La Costa Caribe Norte de Nicaragua
  • 3
    5 Cambios que mejoran la vida
  • 4
    Comunidades más fuertes
  • 5
    Diplomado para el cambio
  • 6
    21 planes de desarrollo comunitario
  • 7
    Mujeres más autónomas
  • 8
    Soberanía alimentaria
  • 9
    ¡Seguimos logrando cambios positivos!
  • 10
    Con las comunidades misquitas

  • La comunidad miskita como pueblo indígena del Atlántico Norte de Nicaragua padecía una situación de abandono histórico.
  • La situación económica es difícil en las comunidades miskitas con índices de desempleo de aproximadamente el 80%. La destrucción del medio ambiente a lo largo del Río Coco, y la consecuente pérdida de las tradicionales áreas de pesca tienen duros impactos en la economía de subsistencia. 
  • Los líderes de los Consejos comunitarios requerían formación en gestión comunitaria y fortalecimiento organizativo de sus estructuras de gobierno. La mayoría de las personas líderes comunitarias nunca han recibido una formación especializada ni acompañamiento técnico. 
  • La comunidad sufria la falta de diversificación y estabilización de las opciones alimentarias.
  • Las mujeres requerían cubrir sus necesidades de formación en temas clave de producción agrícola que les ayude a desarrollar su rol productivo; y la formación en género, liderazgo comunitario y derechos. 

“Para muchas de nosotras es la primera vez que hemos salido de nuestras comunidades solas. Ha sido una manera de ver que hay otras mujeres que sienten y pasan lo mismo que una y sentirnos apoyadas. Hemos descubierto que tenemos necesidades iguales y que tenemos el derecho a organizarnos a que los hombres de nuestras comunidades nos oigan, y nos respeten más.” Mujer de comunidad Tasba Pri

 


La Región de la Costa Caribe Norte de Nicaragua limita al Norte con la República de Honduras, al Sur con la Región Autónoma del Atlántico Sur (R.A.A.S), al Este con el Océano Atlántico (Mar Caribe) y al Oeste con los departamentos de Matagalpa y Jinotega.

Los pueblos indígenas de Nicaragua representan aprox. el 5% de la población total actual de ese país, donde coexisten dos realidades socioculturales: la región del Pacífico caracterizada por la colonización española, y la región del Caribe o Costa Atlántica.

La multiculturalidad y el multilingüismo son dos aspectos que caracterizan social, cultural y políticamente a la región, que tiene una población aproximada de 382.499 habitantes. De éstos el 57% se identifica como mestizo (indígena del Caribe con otras etnias de la Costa del Pacífico), un 36% como misquiito, un 1% como creole o negro y un 6% como mayangna. 

La población miskita es el grupo más numeroso de las comunidades indígenas. En su mayoría, se dedican a la economía de subsistencia, ejerciendo la caza, la pesca y la agricultura. Su estructura política hasta hoy en día está marcada por la influencia del pasado colonial inglés. Por tradición tenían un sistema de gobierno con un rey miskito como jefe representativo. A lo largo del tiempo se fueron adaptando notablemente a las condiciones económicas, políticas y militares, sin perder su propia forma de vida y su identidad.

 

1ª CAMBIO. 21 GOBIERNOS COMUNITARIOS Y 6 GOBIERNOS TERRITORIALES FORTALECIDOS Y CAPACITADOS PARA TRABAJAR POR SUS COMUNIDADES

El programa ha sido eficaz en lograr que las 21 comunidades meta cuenten con sus planes de desarrollo comunitario (PDC) que han sido elaborados a través de un proceso participativo que incluyó: reuniones, talleres y diagnósticos comunitarios participativos, donde se obtuvieron insumos para su elaboración, lo que representa un 100% de logro. 
Los 21 Planes de Desarrollo Comunitario se elaboraron participativamente y se trabajaron en su totalidad en idioma nativo. Todas las personas consultadas realzan el carácter participativo, inclusivo, y con pertinencia cultural del proceso de fortalecimiento organizativo desarrollado en las comunidades meta. 
Ahora las 21 estructuras comunitarias locales cuentan con un documento base (PDC) que les ha permitido la negociación de algunas demandas a nivel del territorio y su inclusión en los Planes de Desarrollo territoriales (PDT), tales como las que refiere al medio ambiente y efectos del cambio climático, así como algunas implícitas en la agenda de derechos de las mujeres. Su participación en el proceso es relevante y cada vez más protagónica.

2º CAMBIO. MUJERES Y POBLACIÓN JOVEN ORGANIZADA PARTICIPANDO EN LAS POLÍTICAS DE DESARROLLO LOCAL. 

Finalizado el programa se constituyeron un total de tres redes territoriales en Tasba Pri, Tasba Raya y Los Llanos. Las redes de mujeres se articularon mediante la conformación de estructuras comunitarias integradas por 4 0 5 mujeres líderes quienes trabajaron agendas de derechos territoriales, conformando una red por cada territorio y fusionando sus esfuerzos en la conformación de una red única interterritorial. 
Esta red cuenta con un plan de acción que articula a un total de 420 mujeres y en las 21 comunidades se ha logrado sensibilizar, capacitar y motivar a las mujeres que cumplen un rol activo de promotoría social transmitiendo a otras mujeres los nuevos conocimientos adquiridos y las técnicas agrícolas aprendidas en los espacios de formación realizados en el marco del programa. 

3º CAMBIO. DESARROLLO ECONÓMICO Y PRODUCTIVO, CON EQUIDAD DE GÉNERO, RESPETUOSO CON EL MEDIOAMBIENTE Y COHERENTE CON LAS COSTUMBRES CULTURALES. 

En las 21 comunidades se han establecido huertos con producción de hortalizas diversificadas, manejados con prácticas amigables al medio ambiente, con más de 8 cultivos. Dichos huertos funcionan como una unidad productiva que genera alimentos para autoconsumo y excedentes en al menos 2 cultivos que son vendidos en la comunidad; aportando con ello a generar pequeños ingresos en la familia. 
La intervención ha generado un impacto favorable en la percepción de hombres y mujeres sobre la división sexual del trabajo, es así que hay un cambio de actitud y reconocimiento de parte de los hombres del protagonismo de la mujer en la producción agrícola.

Las familias iniciaron su participación en el programa con ingresos entre 500 y 3.000 córdobas, con la intervención ha disminuido el número de familias que viven con solo 500 córdobas y aumentó a 45,3% de familias que tienen un ingreso promedio de C$3,000.00 a más (100 US dólares al mes).
La mejora es a nivel de ingresos líquidos en dinero y en también en ahorro. Las familias ya no compran productos de consumo básico (verduras y frutas) fuera de la comunidad, sino que los obtienen en sus huertos o en los huertos de otras familias. 

4º CAMBIO. TECNOLOGÍA AL ACCESO DE LAS COMUNIDADES RURALES INDÍGENAS 

Los Centro de Información y Capacitación para el Desarrollo Comunitario (CIDOC) han sido implementados en las 21 comunidades. Se lograron superar las limitaciones técnicas que se presentaron para la implementación de los CIDOC, como es la falta de energía eléctrica en algunas comunidades, que se atendió efectivamente con paneles solares. Sigue siendo un desafío la dificultad de acceso a internet, y los pocos operadores de computadores existentes en los territorios.
Los CIDOC son administrados por 2 jóvenes (un hombre y una mujer) elegidos por el liderazgo comunitario, formados por el programa bajo la lógica de “aprender a enseñar”, y que cuentan con las habilidades necesarias en ofimática, y atención al cliente. Con la apuesta de los CIDOC se espera que la juventud y la población en general accedan a información útil que les permita ampliar su bagaje de conocimientos e información que aporte a sus procesos productivos y organizativos.  

5º CAMBIO. TEJIENDO VÍNCULOS Y REDES DE SOLIDARIDAD ENTRE LA CIUDADANÍA VASCA Y LA POBLACIÓN DE LA REGIÓN AUTÓNOMA DEL ATLÁNTICO NORTE DE NICARAGUA

Campaña desarrollada en medios de difusión, movilización y participación de Euskadi y de Nicaragua. 

La Campaña se dirigió a dos segmentos de públicos: jóvenes y mujeres de Euskadi y Nicaragua. La estrategia fue abordar la problemática y las potencialidades del contexto, las organizaciones y agentes presentes en el tejido de la sociedad civil; la articulación de las personas y organizaciones, la importancia del trabajo en red; las acciones de defensa de derechos, entre otros temas clave. El desarrollo de la campaña ha sido efectivo puesto que tuvo acogida en las redes sociales donde se logró la cobertura de una de sus publicaciones de 18.819 personas, y una media de 600 visualizaciones de los post publicados. 
La campaña así mismo contó con un intercambio de experiencias como  una estrategia que el proyecto usó de manera efectiva tanto en Euskadi como en la RACNN, porque se logró que las personas participantes conozcan y comprendan la situación de las personas en ambos contextos, actúen empáticamente, reflexionen y se posicionen a favor de la defensa de los derechos de las personas vulneradas.  
Es así que tanto en la RACNN como en Euskadi se  hizo una firma de un acuerdo de colaboración, coordinación, e intercambio de experiencias para la defensa de los derechos humanos de las mujeres de la RACNN, por parte de 3 agentes de Euskadi y 10 agentes de Nicaragua representados por redes de organizaciones de mujeres y de jóvenes, y una autoridad de territorio indígena. 
Con la campaña se logró generar espacios de reflexión colectiva sobre las causas globales y locales que provocan y perpetúan la vulneración de derechos de las mujeres, y se analizó los complejos desafíos que implica la defensoría de derechos en Euskadi y en la RACNN.   En estos espacios participaron mujeres organizadas, juventud, autoridad territorial y actores sociales de los tres territorios de Euskadi.
 

Mayor  seguridad alimentaria de las comunidades miskitas, 

forma parte de los beneficios obtenidos con la producción de una amplia variedad de productos en el huerto. Las familias logran producir mayor cantidad y diversidad de alimentos suficientes para cubrir sus necesidades, los que complementan con la producción de la parcela.
A nivel de la gran familia comunitaria la producción generada desde los huertos, es una respuesta ante la crisis alimentaria que se enfrenta en los últimos años, que ha introducido mejoras alimenticias notable a nivel del balance nutricional de la familia. En la comunidad se observa una mayor disponibilidad de alimentos; aparte de la yuca y frijoles que es lo habitual ahora hay tomates, pipianes, ayotes, chiltomas y otros. Por sus precios bajos las familias pueden  acceder más a estos productos que se comercializan a nivel comunitario, porque no tienen los costos de traslado, porque se producen en la misma comunidad. Por la forma de producirlo estos productos son más sanos expresa una mujer madre de familia, y como ella la población reconoce las bondades de la producción orgánica, y las asocia principalmente a la salud de sus hijas e hijas.
La intervención ha contribuido a disminuir los altos índices de desnutrición crónica que caracterizan a la niñez indígenas de estos territorios, y aporta a mejorar la salud nutricional y a reducir la incidencia de enfermedades, y con ello se aporta a la economía familiar, por el ahorro que representa no acudir frecuentemente al centro de salud.

Modelo productivo familiar más sostenible.  

Hay un efecto positivo en la capacidad de producción a nivel de la familia que está dinamizando la economía comunitaria y generando nuevas formas de comercio en su interior. La producción a bajo costo, continúa siendo parte de la práctica tradicional (cero insumos), pero la introducción de nuevo cultivo y el rescate y mejora de prácticas tradicionales hacen del sistema un nuevo modelo productivo más auto sostenible. Efectivamente, las familias están apropiadas de prácticas sostenibles que pueden  hacer frente al cambio climático e incluso preservar sus medios de vida ante situaciones de fenómenos extremos que se pueden dar en la zona del atlántico.
El abono orgánico hace milagro, me atreví a experimentar, pues vi que donde botamos el estiércol del corral las plantas producían más, así que hice lo que aprendí, abono orgánico con el estiércol, como me lo enseñaron en la escuela de campo ahora produzco los mejores ayotes, tomates y chiltomas, y los vendo a mejor precio, ahora hasta mi marido quiere poner en práctica lo que yo hago en mi huerto. Promotora de huerto
Un logro importante es el bajo costo del sistema de producción implementado y el volumen producido aumenta la disponibilidad en la comunidad de los alimentos producidos orgánicamente, que es un impacto no medible por la falta de registros y controles de la producción, pero relevante por lo expuesto por los entrevistados en la sensación de bienestar que sienten al comer productos más sanos por no estar expuestos a pesticidas.

Barriga llena corazón contento, ahora comemos de todo, al principio no me gustaban los pipianes porque no sabía si se comían, ahora los siento rico cocidos con cuajadita, los chavalos comen mejor, el huerto es nuestro principal mercado, hasta aquí vienen a comprarnos. Productora de huerto

Con este efecto a su vez se contribuye a reducir el impacto del cambio climático y se aporta a la capacidad de resiliencia de las familias de estas comunidades.

Fortalecimiento de la gobernabilidad comunitaria.

Que ha sido posible gracias a la dinamización del tejido organizativo comunitario en las 21 comunidades lo que facilitó la organización de mujeres, jóvenes y otros actores (maestros, enfermeras, pastores) dando apertura en los espacios organizativos.  Esta implicación y relaciones entre los actores comunitarios que se han vinculado a la gestión comunitaria es nuevo capital social generado con la intervención, y que cobra relevancia en el contexto de crisis socio política e incertidumbre que afecta a Nicaragua, donde urge construir confianza en el liderazgo comunitario, confianza en la gobernanza local, y confianza en el futuro.


 “Como líder nos planteamos defender nuestros derechos de forma respetuosa, convenciendo y no imponiendo, en ese momento todos tenemos derecho de participar y opinar”. Joven líder miembro de junta comunitaria


Fortalecimiento de la autoestima y autonomía de las mujeres adultas y jóvenes,

esta fue una de las prioridades estratégicas de la intervención que requirió de procesos de sensibilización comunitaria y que fortalecieron sus capacidades personales y colectivas en aspectos de género, derecho, incidencia promotoría comunitaria y liderazgo, que se concretizan con la conformación de estructuras comunitarias integradas por 405 mujeres líderesas, quienes en representación de sus grupos aportaron insumos para elaborar agendas de derechos territoriales donde se plasman sus problemática y necesidades de ser reconocidas y visibilizadas en los espacios de organización comunitaria. 

“Nos hemos fortalecido, hemos vencido el miedo a hablar sobre nuestra situación como mujer en la familia y comunidad, hoy estamos organizadas y defendemos nuestros derechos para poder participar en algunos lugares, donde solo los hombres pueden estar, me siento más fuerte porque conozco mis derechos y están en la agenda, ahora nos toca defenderlos”. Mujer de un grupo comunitario


Así mujeres de todas las comunidades se sienten más seguras de participar, reconocen sus capacidades y valía personal, y gracias al rol productivo que ahora desempeñan tienen más independencia y autonomía económica de sus parejas. 
En el hogar a partir de su aporte económico se han abierto un espacio de reconocimiento y participación en la toma de decisión y se sienten más seguras de reclamar un mejor trato para ellas y sus hijos e hijas, lo que hace que la mujer actué de manera más independiente, esto se evidencia con su asistencia y participación en talleres y otros tipos de eventos ligados a su formación. 
 

“Cuando hay que hacer una gestión o trabajar con las mujeres, el síndico o el juez me buscan para que los apoyemos, esto no ha permitido contar con su apoyo cuando nos tocó que nos aprobaran la agenda, siento que somos importantes y ahora nos proponen para los cargos, y no nos invitan solo para votar" Mujer de un grupo comunitario


A partir de su decisión de trabajar en huertos y capacitarse, amplía sus funciones y es generadora de ingresos cambiando su posición en el hogar a nivel de la economía familiar como aportadora, gestora y ejecutora en la toma de decisiones, lo que se hace evidente en los cambios de actitud y reconocimiento de los hombres en la familia y comunidad.

Mayor participación juvenil y relevo generacional. 

Es uno de los efectos más evidentes, tras organizarse los grupos juveniles en las 21 comunidades, y contar con una estructura (junta directiva) que los representa ante las instancias comunitarias, algunos de estos jóvenes se han capacitado a nivel de liderazgo, desarrollo y otros tópicos y se destacan contando con un reconocimiento comunitario, dentro de un contexto adultista, su actuación relevante los define como futuros relevos del liderazgo actual. 

El Diplomado dirigido a líderes y lideresas de las 21 comunidades misquitas, ha logrado fortalecer su práctica de liderazgo y establecer articulaciones en los planes de desarrollo, cabe señalar que más del 40 % de las mujeres y jóvenes capacitados a nivel de diplomado ocupan actualmente cargos en los gobiernos comunitarios y territoriales, esto podría valorarse como un importante impacto que genera la intervención. Es de destacar la participación de la Universidad URACAN, con quien se estableció una coordinación interinstitucional para la realización del Diplomado en idioma local.

Se han implementado planes de Desarrollo para los 21 Consejos Comunitarios, documentos base de la negociación futura y el fundamento para poder incidir en las políticas municipales locales. Además, se cuenta con un liderazgo claro y competente, que incluye a las mujeres y a la juventud. Y que han fortalecido la gobernabilidad comunitaria mediante la dinamización del tejido organizativo comunitario en las 21 comunidades lo que facilitó la organización de mujeres, jóvenes y otros actores (maestros, enfermeras, pastores) dando apertura en los espacios organizativos.  Esta implicación y relaciones entre los actores comunitarios que se han vinculado a la gestión comunitaria es nuevo capital social generado con la intervención, y que cobra relevancia en el contexto de crisis socio política e incertidumbre que afecta a Nicaragua, donde urge construir confianza en el liderazgo comunitario, confianza en la gobernanza local, y confianza en el futuro.

El proceso de empoderamiento que ha implementado la intervención, ha conllevado que a nivel político que las mujeres hayan logrado ocupar posiciones importantes en las estructuras comunitarias, donde se evidencia un mayor nivel de análisis, manejo de problemas y construcción de soluciones, sus aportes son más objetivos y congruentes, y son reconocidos por los hombres. Las mujeres líderes plantean mejor los problemas, ellas están más cerca de estos, como madres se da cuenta las necesidades que hay de salud, de educación, de alimentos, y esto empieza a ser reconocido por algunos líderes.

En las 21 comunidades existe un grupo de mujeres con alto potencial de liderazgo que están motivadas que trabajan como promotoras sociales  con sus huertos familiares y transmitiendo a otras mujeres los conocimientos adquiridos sobre agroecología, género, derechos y el rol de la mujer en la comunidad. Ellas son las conductoras de los procesos de capacitación y acompañan a otras mujeres y hombres en la puesta en práctica de las experiencias aprendidas. Ese liderazgo ha contribuido a la visibilizacion del protagonismo de la mujer, a su integración en los espacios organizativo y a su reconocimiento de derechos, en cada comunidad hay más de tres mujeres que asumen ese rol y son parte de las juntas directivas comunitarias de los grupos de mujeres.

Nosotros siempre hemos estado organizados, pero sentíamos que nos faltaba algo, para ser escuchados a veces sentimos que para los gobiernos no existimos, se acuerdan de nosotros solo para las elecciones, ahora que nos hemos fortalecido, gracias al programa, contamos con nuestro plan de desarrollo de nuestra comunidad, donde planteamos nuestras necesidades para que las incluyan en el plan del territorio. Líder comunitario
 


 

Fortalecimiento de la autoestima y autonomía de las mujeres adultas y jóvenes, esta fue una de las prioridades estratégicas de la intervención que requirió de procesos de sensibilización comunitaria y que fortalecieron sus capacidades personales y colectivas en aspectos de género, derecho, incidencia promotoría comunitaria y liderazgo, que se concretizan con la conformación de estructuras comunitarias integradas por 405 mujeres líderesas, quienes en representación de sus grupos aportaron insumos para elaborar agendas de derechos territoriales donde se plasman sus problemática y necesidades de ser reconocidas y visibilizadas en los espacios de organización comunitaria. 

Así mujeres de todas las comunidades se sienten más seguras de participar, reconocen sus capacidades y valía personal, y gracias al rol productivo que ahora desempeñan tienen más independencia y autonomía económica de sus parejas. En el hogar a partir de su aporte económico se han abierto un espacio de reconocimiento y participación en la toma de decisión y se sienten más seguras de reclamar un mejor trato para ellas y sus hijos e hijas, lo que hace que la mujer actué de manera más independiente, esto se evidencia con su asistencia y participación en talleres y otros tipos de eventos ligados a su formación. 

Se ha logrado que, en 21 comunidades miskitas, las mujeres estén organizadas en grupos, con estructuras orgánicas que asumen la conducción de los mismos, estas mujeres han participado en procesos de desarrollo de competencias sobre liderazgo y manejo de políticas que conciernen a su problemática de violación de derechos, para actuar con decisión y de forma incidente en los procesos   comunitarios, e incluso a nivel territorial y gubernamental.

En lo económico, es destacable la participación de las mujeres en la producción, lo que amplía sus derechos económicos y la saca de su rol doméstico y de cuidados, y le abre un nuevo escenario de desarrollo de sus capacidades, autonomía, y empoderamiento. Así las mujeres con sus huertos familiares han garantizado el acceso y disponibilidad de alimentos hortícolas para sus familias,  han introducido mejoras en la dieta alimentaria de sus hijos e hijas, y aportan a la economía familiar, produciendo un efecto directo en la calidad de vida de la familia. 

Además, en las 21 comunidades existe una organización de mujeres constituida, con sus propios estatutos y con sus juntas directivas, algunas de ellas ocupan cargos en las estructuras comunitarias y territoriales. Estos grupos de mujeres han conformado tres redes de territoriales, quienes de manera participativa construyeron sus normativas y planes de acción, este proceso dio el salto del marco comunitario y cuenta con una estructura interterritorial. 

Los propios testimonios de las mujeres miskitas, muestran que a nivel personal se sienten más seguras y reconocen que son capaces, este ha sido un paso previo fundamental para su incursión en los procesos organizativos comunitarios. Las mujeres han  ganado seguridad personal y han incursionado en actividades y espacios que tradicionalmente eran solo de hombres. Ahora, las mujeres, empiezan a cuestionar la hegemonía del sistema patriarcal,  cuestionan la violencia que afecta sus vidas, y expresan solidaridad de género hacia las mujeres afectadas.

La intervención ha integrado la perspectiva de género en su implementación, ha analizado las diferencias de género y las consecuencias que éstas tienen en la vida de hombres y mujeres; así como las necesidades prácticas y estratégicas de las mujeres en las comunidades miskitas.
Se ha realizado una discriminación positiva de las mujeres, que por en su situación de subordinación cultural y social no accedían a los espacios de poder comunitarios que están controlados por los hombres, además, no se reconocía su rol productivo y su derecho a los recursos naturales. Con la intervención se ha promoviendo este rol de las mujeres y su rol social como agentes de cambio en sus familias y comunidades.


“Ellas tienen una visión más amplia de la situación de la familia, sienten más los problemas porque son las que les toca lidiar diariamente con ellos, a nosotros los hombres nos toca, darles ese lugar que se merecen y luchar a la par de ellas”. Líder territorial

El esquema familiar de la población indígena se fundamenta en el patriarcado que se transfiere de generación en generación, sin protesta por parte de las mujeres. Este modelo de organización familiar prevalece en todos a todos los ámbitos del desarrollo, y la sumisión y negación son dos aspectos intrínsecos entre hombre y mujer. Además, persiste la normalización y tolerancia de la violencia contra la mujer en todas sus manifestaciones. Por tanto cobra relevancia el reconocimiento que las mujeres están logrando en las comunidades porque da cuenta de una transformación profunda que trasciende incluso lo previsto por la intervención. 

La incorporación del enfoque de género ha sido progresiva, lo que fue pertinente para el contexto patriarcal. El género fue cobrando presencia a medida que se avanzaba con la operativa del proyecto, y se reforzó con la incorporación de un personal técnico local responsable de fortalecer su transvesalización en todos los componentes de la iniciativa. Este ha sido uno de los ejes más sensibles de la intervención y ha estado presente en todos sus componentes. Lograr la incorporación de la mujer como elemento clave de transformación social y económica en la comunidad, ha implicado acciones estratégicas incluyentes en todas las actividades llevadas a cabo, dado que en el territorio misquito históricamente el patriarcado rige todo el quehacer familiar y comunitario. 
 

Con la intervención hemos logrado una mayor seguridad alimentaria de las comunidades misquitas. Las familias logran producir de manera sostenible una mayor cantidad y diversidad de alimentos suficientes para cubrir sus necesidades, los que complementan con la producción de la parcela.

A nivel de la gran familia comunitaria la producción generada desde los huertos, es una respuesta ante la crisis alimentaria que se enfrenta en los últimos años, que ha introducido mejoras alimenticias notable a nivel del balance nutricional de la familia. En la comunidad se observa una mayor disponibilidad de alimentos; aparte de la yuca y frijoles que es lo habitual ahora hay tomates, pipianes, ayotes, chiltomas y otros. Por sus precios bajos las familias pueden  acceder más a estos productos que se comercializan a nivel comunitario, porque no tienen los costos de traslado, porque se producen en la misma comunidad. Por la forma de producirlo estos productos son más sanos expresa una mujer madre de familia, y como ella la población reconoce las bondades de la producción orgánica, y las asocia principalmente a la salud de sus hijas e hijas.

Se ha contribuido a disminuir los altos índices de desnutrición crónica que caracterizan a la niñez indígenas de estos territorios, y aporta a mejorar la salud nutricional y a reducir la incidencia de enfermedades, y con ello se aporta a la economía familiar, por el ahorro que representa no acudir frecuentemente al centro de salud.

En las 21 comunidades, las mujeres se han capacitado y organizado en la producción y el manejo de cultivo de hortalizas en los huertos, cultivan las hortalizas, controlan las plagas, hacen abono orgánico y sacan semilla para no comprarlas, además reconocen que la familia las ve de otra manera y reconocen su trabajo. Además, añaden que la producción obtenida una parte es destinada al consumo familiar, el excedente es ofertado en la comunidad, generando más disponibilidad de alimentos y es vendido a precios bajos lo que facilita su acceso a otras familias, el ingreso generado forma parte del ingreso bruto a nivel de la economía de la familia. 

Manteniendo la producción agrícola, se mantiene la seguridad alimentaria y nutricional de las familias. Ante la precaria situación alimentaria que viven las comunidades la inserción de las mujeres en la actividad de huertos diversificados es una respuesta adecuada a esta problemática.

                                          
 

Y finalizada una etapa comienza otra, porque las mujeres de las comunidades miskitas de la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte siguen demandando mayores cotas de desarrollo y NAZIOARTEKO ELKARTASUNA SOLIDARIDAD INTERNACIONAL e INGES apuestan por seguir acompañándolas en los procesos de empoderamiento que demandan.


Y es en este marco en el que se inserta el proyecto “Eje de Desarrollo Productivo San Jerónimo Sahsa: Consolidando Procesos de Articulación Social y Productiva con mujeres y jóvenes” (EDEPROSASA II), que pretende consolidar los procesos de articulación social y productiva con mujeres y jóvenes rurales de 21 comunidades miskitas y 6 territorios indígenas de la Costa Caribe Norte de Nicaragua (en la RACCN), mejorando sus capacidades y articulando sus espacios organizativos para la incidencia política en los ámbitos locales de toma de decisiones, y promoviendo su liderazgo en el desarrollo económico sostenible, la cohesión social y la protección del medio natural de sus comunidades, en un entorno institucional fortalecido, integrador de la perspectiva intergeneracional y respetuoso con los derechos humanos de las mujeres. 


Seguimos trabajando y aprendiendo, juntas y juntos por el Desarrollo de la Costa Caribe Norte de Nicaragua.

Gracias al apoyo de la Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo (AVCD), INGES y Solidaridad Internacional trabajan conjuntamente para fomentar el desarrollo productivo de las mujeres de las comunidades miskitas de la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte de Nicaragua.


INGES facilita y acompaña procesos de participación ciudadana, equidad de género, cambio generacional y la concertación de acciones para el desarrollo.

Fundada en 1989, NAZIOARTEKO ELKARTASUNA  SOLIDARIDAD INTERNACIONAL   es una Organización No Gubernamental de Desarrollo, declarada de Utilidad Pública, cuya misión es la erradicación de la pobreza, afrontando sus causas económicas, religiosas, culturales y medioambientales, así como la extensión de la libertad y la igualdad de derechos en el mundo. En coherencia, implementamos iniciativas que contribuyen al desarrollo humano sostenible con el fin de que las personas empobrecidas de La Tierra tomen el control de su propia vida.   
 

Compartir boletín

Puedes utilizar esta url para copiar y pegar...

https://mep.solidaridadsi.org/es/con-las-comunidades-miskitas

Puedes utilizar esta url para copiar y pegar...

Gracias por tu interés

Pronto recibirás el siguiente número de MEP en tu email.


Hay un error

Comprueba tu dirección de email y vuelve a intentarlo.