# 59

MEDIO AMBIENTE Y MUJER EN EL ÁFRICA SUBSAHARIANA

Contexto

EL IMPACTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN ÁFRICA

Derechos Humanos de las Mujeres

EL PAPEL DE LAS MUJERES FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO

Activismo

WANGARI MUTA MAATHAI, FUNDADORA DEL MOVIMIENTO CINTURÓN VERDE

Impacto

LA LUCHA CONTRA LA DESERTIFICACIÓN EN EL DEPARTAMENTO DE KEBEMER-SENEGAL

Derechos

EL DERECHO AMBIENTAL Y LA SOBERANÍA ALIMENTARIA

Voces y testimonios

HILDA NAKABUYE, LA NUEVA VOZ PARA EL CAMBIO

África es el continente que menos CO2 emite, pero es el que más está sufriendo las consecuencias del cambio climático y sus habitantes, y en especial sus mujeres, se enfrentan a un futuro incierto. Por un lado, están atravesadas por diferentes violencias y, por otro lado, son el soporte de las tradiciones culturales y las referentes para el cambio; todo esto con el condicionante de tener sus derechos limitados e invisibilizados.

Existen diferentes indicadores para medir el impacto medioambiental que está sufriendo el continente africano. Un ejemplo serían las sequías detectadas desde 1970, que se han intensificado últimamente en diferentes regiones; como consecuencia de ello, el Sahel y África meridional están cada vez más desertificadas.

La actual situación sociocultural y económica hace que sus habitantes sean cada vez más dependientes de los recursos naturales. La situación en la que se encuentra el continente no es consecuencia sólo del cambio climático, sino que es fruto también de la colonización sufrida años atrás. Una consecuencia de la colonización fue la homogeneización cultural y económica, pues ésta llevaba intrínseca el desprecio de los saberes tradicionales y entorpece esa sagrada unión que mantenían muchos pueblos con la naturaleza.

Pero África es un continente lleno de mujeres resilientes que llevan años haciendo frente a las atrocidades cometidas en nombre del progreso. Una muestra de ello fue el movimiento Cinturón Verde, creado en los años 70. En la actualidad, muchas jóvenes se han sumado al movimiento Fridays For Future y han alzado la voz en espacios tan influyentes como la cumbre del clima de 2019.

Artículos en este número...

  • 1
    EL IMPACTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN ÁFRICA
  • 2
    EL PAPEL DE LAS MUJERES FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO
  • 3
    WANGARI MUTA MAATHAI, FUNDADORA DEL MOVIMIENTO CINTURÓN VERDE
  • 4
    LA LUCHA CONTRA LA DESERTIFICACIÓN EN EL DEPARTAMENTO DE KEBEMER-SENEGAL
  • 5
    EL DERECHO AMBIENTAL Y LA SOBERANÍA ALIMENTARIA
  • 6
    HILDA NAKABUYE, LA NUEVA VOZ PARA EL CAMBIO

El cambio climático es un proceso natural dentro del funcionamiento del planeta, según algunas teorías, pero lo que no es normal es que se acelere por culpa del ser humano que está vertiendo cantidades ingentes de gases a la atmósfera y está contribuyendo también a la eliminación de los sistemas que regulan y absorben esos gases.

En todas las partes del planeta se están sufriendo sus impactos, no obstante, hay algunas zonas más vulnerables a sus efectos y África es una de ellas. Según un informe del Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres (CRED en inglés), 337 millones de personas se han visto afectadas por desastres naturales en África en los últimos 20 años. La principal causa es el aumento de periodos de sequía (80%) y, paradójicamente, las inundaciones (16%) son la segunda causa. Más de 46.000 personas han muerto en la última década  a causa de fenómenos climáticos extremos. En el continente africano vive el 17% de la población mundial, las estimaciones para el año 2050 dicen que llegarán a ser el 25% debido a la alta tasa de fecundidad. Para ese mismo año se espera que la temperatura aumente entre 1,5 y 4 ºC en África Occidental, con una mayor subida en el Sahel y el desierto del Sahara (datos de Future Climate for Africa).

Alguna de las consecuencias del cambio climático son el aumento de la mortalidad por desastres repentinos, el cambio y aumento de las enfermedades transmisibles (malaria, dengue, diarreas, infecciones del agua), el descenso y /o pérdida de la seguridad alimentaria e ingresos, el movimiento forzado de personas y el aumento de los conflictos por recursos…

África sigue siendo un país rico en recursos como petróleo, gas y múltiples minerales; sin embargo, esto no ha traído mejora en sus comunidades, al contrario, muchos de los conflictos armados y violaciones de derechos humanos están vinculados a esta riqueza de recursos.

Para hacer frente a esta situación, muchos países africanos han implementado de manera urgente planes de acción para proteger su biodiversidad; entender que es un valor para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible tratando así de reducir la desigualdad y pobreza de sus habitantes.

Foto: Archivo Nazioarteko Elkartasuna / Solidaridad Internacional.

La desigualdad de género también incide en la manera en que se sufren las consecuencias del cambio climático ya que éstas repercuten con más virulencia en la vida de las mujeres. Una de ellas es el aumento de patrones ya existentes de discriminación. El PNUD (Programa de Naciones Unidas para el desarrollo) nombra algunos de los factores que contribuyen a una mayor marginación:

**El acceso de las mujeres a las tierras o el ganado es limitado; en muchas ocasiones este bloqueo viene también por parte de las familias a través de leyes hereditarias basadas en la costumbre social. Debido a la división sexual del trabajo y la dependencia a determinados cultivos, las mujeres tienen normalmente acceso a los recursos más expuestos al cambio climático. Todo esto es paradójico ya que el papel de las mujeres en la agricultura es crucial. En definitiva, trabajan y sostienen las tierras, pero no son propietarias.

**Todavía se sigue dando más oportunidades a los niños que a las niñas a la hora de asistir a la escuela; además, es más probable que ellas abandonen antes los estudios para ponerse a trabajar en el campo o hacer las labores de cuidado en las familias. Como consecuencia de ello, tienen menos acceso a la información para hacer frente a los riesgos climáticos y a las medidas de adaptación ante los desastres.

**Muchas mujeres africanas tienen restringidos sus movimientos fuera de sus comunidades. Normalmente son los hombres los que migran primero y las mujeres se quedan en regiones donde el cambio climático ha provocado más catástrofes.

Estas vulneraciones en sus derechos fomentan también que sus voces sean silenciadas dentro de sus comunidades a la hora de tomar decisiones para hacer frente a los desastres, y también contribuyen a que la desigualdad se agrave condicionando así su subsistencia. Diferentes estudios como Género y Cambio Climático elaborado por el Instituto de la Mujer, demuestran que las mujeres y las menores tienen 14 veces más probabilidades que los hombres de morir durante una catástrofe.

Pero una característica intrínseca a la mujer africana como motor de desarrollo es la resiliencia. El hecho de que compartan condiciones de vida similares favorece la creación de redes comunitarias donde se ayudan mutuamente y comparten recursos. La adaptación basada en estas redes y en la solidaridad son un ejemplo de resiliencia ante el cambio climático.

Las experiencias que aumentan las capacidades para manejar situaciones de desastre son las redes sociales, las habilidades de cuidado, el amplio conocimiento de las comunidades, la gestión de los recursos medioambientales y naturales, los altos niveles de conciencia del riesgo, etc., y de todo esto son abanderadas las mujeres africanas.

Foto: Archivo Nazioarteko Elkartasuna / Solidaridad Internacional.

Wangari Muta Maathai (1940-2011) fue una política y ecologista keniana y la primera mujer en recibir el Premio Nobel de la Paz en 2004.

En 1977, Maathai propuso ante el Consejo Nacional de mujeres de Kenia (NCWK) reforestar Nairobi. El Consejo aceptó y el día del Medio Ambiente de ese año, el 5 de junio, plantaron 7 árboles en honor a líderes históricos de la comunidad. Ese fue el primer cinturón verde.

“Fue casi por coincidencia, bueno, en realidad, fue casi casualidad. Toda esta idea comenzó en el consejo nacional de mujeres. Estábamos tratando de prepararnos para ir a México en 1975, cuando se celebró la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer.”

Maathai animó a las mujeres keniatas a crear invernaderos por todo el país, buscaban semillas en los bosques cercanos y sembraban así árboles autóctonos. Las mujeres que participaban recibían una retribución. Conseguía así, con una simple idea, unir dos de sus proyectos de vida: empoderar a las mujeres y luchar contra la deforestación.

“En esa parte de África, son las mujeres las primeras víctimas de la degradación del medio ambiente porque ellas son las encargadas del agua, así que si no hay agua, son ellas quienes caminan durante horas o días buscando agua. Ellas son las que traen leña. Ellas son las que producen alimentos para sus familias. Por lo tanto, es fácil animarlas a que tomen medidas, porque pueden ver dónde les afectará directamente de manera positiva.”

El movimiento Cinturón Verde se fue expandiendo gracias también al apoyo de organizaciones de otras partes del mundo. Del mismo modo, fue creciendo la conciencia política ya que se dieron cuenta de que los problemas cotidianos de Kenia, (la hambruna, la deforestación, etc.) también tenían relación política.

En 2004, cuando le concedieron el premio Nobel, el comité manifestó lo siguiente: “la paz en la tierra depende de nuestra capacidad de asegurar el medio ambiente y Wangari Muta Maathai es una exponente en la lucha por lograr ese objetivo”. Fue la primera mujer africana y también la primera activista ambientalista en ganar este galardón.

Hoy en día su legado permanece. Más de 40 millones de árboles han sido plantados en África y más de 3.000 viveros son atendidos por unas 35.000 mujeres. El movimiento Cinturón Verde sigue trabajando por todo el continente africano y sus ideas están expandiéndose por todo el planeta. Wangari Maathai se ha convertido en referente para muchas mujeres, sobre todo africanas, que ven en ella una mujer que estudió y luchó con vehemencia para cambiar su vida y su entorno.

Foto: Archivo Nazioarteko Elkartasuna / Solidaridad Internacional.

El departamento de Kebemer se sitúa en la región de Louga, en el Sahel senegalés; en esta zona la temperatura media anual es de 28ºC y los suelos en general son pobres.  El principal problema al que se enfrenta la región es la desertificación, a lo que hay que añadir las restricciones en el acceso al agua, la cual suele proceder de pozos tradicionales, no siempre potable, casi nunca suficiente.

Para los sectores productivos de este territorio son fundamentales los recursos forestales. La población tiene una fuerte dependencia a la quema de leña. Mediante esta práctica, además de los daños que se producen sobre el medio ambiente, se generan daños también en la salud, especialmente en la de las mujeres, ya que son ellas las que más humo absorben al cocinar los alimentos.

Además, también tiene repercusión en el bienestar de las mujeres senegalesas ya que dedican muchas horas a la búsqueda de suministros de energía para las labores domésticas; un tiempo que no dedican a otras actividades estratégicas para su supervivencia como pueden ser la formación o la participación en la vida comunitaria.

A lo largo del litoral llamado Gran Costa Norte, que va de Dakar a Saint Louis, se extiende una sucesión de dunas y depresiones conocida como la zona de Niayes. Aquí, la población mayoritaria es la de los pastores trashumantes peuls. Pero cada vez llueve menos en esta zona y se ha debilitado mucho la calidad del suelo.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, el gobierno senegalés intentó reforestar esta zona mediante un proceso que consistía en inmovilizar las dunas con plantaciones de Casuarina Esquisetifolia. Actualmente existe un cinturón de unos 200 metros en paralelo a la playa que contribuye a estabilizarlas. De esta manera, se salvaguarda la producción en las huertas.

En 2009, Solidaridad Internacional y su socia Fadec-Nord pusieron en marcha en el desierto de Lompoul un plan para la fijación de dunas tomando como modelo la Gran Muralla Verde, proyecto en el que se han involucrado 14 países del África subsahariana, creando un muro de árboles para obstaculizar el avance del desierto del Sahara y previniendo así la desertificación y el avance de las dunas.

En estos 11 años se ha cubierto una superficie de 630 hectáreas, 100 de ellas en 2018. El pueblo nómada peul, que vivía del ganado, ha podido estabilizarse y resistir gracias a los pequeños huertos que han creado en esta zona.

Foto: Archivo Nazioarteko Elkartasuna / Solidaridad Internacional.

Las primeras normas nacionales para la protección del medio ambiente surgieron en los años 60. En esos años los movimientos sociales también empiezan a articularse y a cuestionar el modelo de producción y consumo de la sociedad capitalista y se empiezan a aprobar las primeras leyes integrales para la protección del medio ambiente como las cláusulas en algunas normas constitucionales. En el caso de África, el artículo 24 de la Carta Africana de los Derechos del Hombre y de los Pueblos reconoce el derecho a “un medio ambiente satisfactorio y global, propicio a su desarrollo”.

 En 1987 surge el concepto de “desarrollo sostenible”, entendiéndolo como la satisfacción de “las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras”. 

En 2002 se celebra en Johannesburgo la cumbre mundial sobre desarrollo sostenible con bastante pesimismo tras el fracaso que había supuesto la cumbre de la tierra celebrada en Río en 1992. Se constató que el discurso sobre desarrollo sostenible había fallado y se buscaron otro tipo de estrategias.

Los principios de derecho internacional sobre medio ambiente repercuten de manera muy diferente según el territorio en el que se aplican. Algunos son muy significativos para el continente africano que fue víctima del colonialismo y que sigue sufriendo en la actualidad el saqueo y la explotación de sus recursos:

                *Principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, asentado en el reconocimiento del papel histórico que los países desarrollados han ejercido en la degradación del planeta.

                *Principio de “quien contamina, paga”.

                *Principio de prevención, dirigido a evitar daños ambientales en las actividades a desarrollar.

                *Principio de soberanía, que lleva intrínseca la obligación de los estados de no causar daños ambientales transfronterizos.

La conclusión a la que llegan diferentes investigaciones es que la única opción que tiene África para aliviar los efectos del calentamiento global y la crisis alimentaria es ejercer como principio fundamental el derecho a la soberanía alimentaria. La crisis climática vigente requiere adaptar métodos tradicionales en la agricultura para producir lo necesario para la subsistencia del continente, consiguiendo así depender menos del exterior.

Foto: Archivo Nazioarteko Elkartasuna / Solidaridad Internacional.

Hilda Nakabuye es una joven ugandesa que participó en la Cumbre del Clima de 2019 en Madrid. Tras su exposición, toda la sala llena de autoridades y activistas internacionales se puso en pie. "Estoy feliz de estar aquí, porque soy una de las pocas jóvenes del hemisferio Sur que ha podido hacerlo. No entiendo por qué los países más afectados por la crisis climática están infrarrepresentados en la COP25", con estas palabras empezaba su discurso. "Yo no he venido aquí para tener reconocimientos, no los espero. He venido para representar a millones de jóvenes africanos que están padeciendo gran parte de la crisis climática, para hablar en nombre de las generaciones futuras”.

Nacida hace 22 años en Kampala, es promotora de Fridays For Future en Uganda y también de un proyecto de limpieza de plásticos de la orilla del lago Victoria. Durante la cumbre celebrada en Madrid, criticó duramente a los organismos internacionales por no tener en cuenta la poderosa voz de la juventud de África: "Vosotros tenéis sueños, pero nosotros también los tenemos. Las negociaciones de los líderes mundiales se están realizando sin nuestro punto de vista". Su discurso fue una llamada de atención a la poca importancia que se le da desde el norte global a los problemas de África. Denunció como su familia tuvo que vender las tierras y ganado por culpa de la sequía. "Ya no pueden traer de vuelta todos esos bosques que crecían... Si no saben resolverlo, dejen al menos de destruirlos", pidió.

Foto: Archivo Nazioarteko Elkartasuna / Solidaridad Internacional.

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