# 25

Derechos sexuales y reproductivos en Africa Subsahariana

Mujeres

Salud materna

Derechos

Derechos sexual y reproductivos de las adolescentes

Contexto

La feminización del VIH/SIDA

LGTBI

Orientación y diversidad sexual

Los Derechos Sexuales y Reproductivos (DDSR) han sido definidos en la Conferencia sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y en la Cuarta Conferencia mundial sobre la Mujer (Bejing, 1995), como:

derechos de las mujeres y de los hombres a tener control de su sexualidad, a decidir libre y responsablemente sin verse sujetos a coerción, la discriminación y la violencia; el derecho de todas las parejas e individuos a decidir de manera libre y responsable el número de espaciamiento de sus hijos e hijas, y a disponer de la información, la educación y los medios para ello, así como a alcanzar el nivel más elevado de salud sexual y reproductiva”.

Definir los DDSR no ha sido una tarea sencilla, en la medida en que se refieren a cuestiones que tradicionalmente han sido relegadas al ámbito privado y, por tanto, excluidas de lo público. Son derechos que se dirigen a todas las personas sin exclusión alguna, incluyendo a los colectivos LGTBI[1].  Estos derechos están íntimamente ligados a la salud por lo que no pueden desligarse de otros derechos, como aquellos relacionados con la calidad de la atención y el acceso universal a los servicios médicos y sanitarios.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) define una buena salud sexual y reproductiva como

un estado general de bienestar físico, mental y social en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo. Entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos y de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no, cuándo y con qué frecuencia[2].

Además, desde varios organismos internacionales se ha puesto de manifiesto la relación entre la salud sexual y reproductiva, los derechos humanos, la igualdad de género y el desarrollo sostenible, en la medida en que la no cobertura de las necesidades sexuales y reproductivas supone una vulneración de los derechos humanos, y en especial los de las mujeres que son las que se ven directamente involucradas en todos los procesos relacionados con el embarazo, parto y posparto.

La vulneración de esos derechos se manifiesta de forma más contundente en los países en desarrollo, donde los problemas relacionados con la salud reproductiva son las principales causas de enfermedades y muertes de mujeres y niñas al estar más expuestas a embarazos no deseados, abortos inseguros, etc.

 

[1] Lesbianas, Gays, Bisexuales, personas Transgénero e Intersexuales.

[2]Definición tomada de la página web de la UNPFA. Disponible en: http://www.unfpa.org/es/salud-sexual-y-reproductiva

Artículos en este número...

  • 1
    Salud materna
  • 2
    Derechos sexual y reproductivos de las adolescentes
  • 3
    La feminización del VIH/SIDA
  • 4
    Orientación y diversidad sexual

Una de las cuestiones más importante que hay abordar cuando hablamos de DDSR, es la salud materna, entendida como un derecho básico que tienen todas las mujeres a la hora de contar con una asistencia sanitaria de calidad en todos los procesos relacionados con el embarazo, el parto y el post parto.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el periodo comprendido entre 1990 y 2015, la mortalidad materna se ha reducido a la mitad en diversos países de África Subsahariana. No obstante, las estimaciones de 2015[1] de este órgano  indican que del total de las muertes maternas que se han producido en 2015, más de la mitad (el 66%) se produjeron en África Subsahariana.

Entre los factores que intensifican el riesgo de mortalidad materna encontramos la pobreza. De hecho, las muertes estimadas en los países con ingresos altos son de 1 por 3.300 mientras que en los países con ingresos bajos, el riesgo se sitúa en 1 por 41. Otro elemento destacable es la relación que existe entre las muertes maternas y el VIH/SIDA, la cual a nivel mundial asciende al 1,6% mientras que en África Subsahariana supone el 2%. Dicho de otro modo, 11 casos de mortalidad materna por cada 100.000 nacidos vivos están relacionados con el VIH/SIDA.

A menudo las causas de mortalidad materna están relacionadas con la desigualdad existente a la hora de acceder a los servicios de salud y a la descomposición de estos servicios. Además, son las adolescentes menores de 15 años las que cuentan con mayores riesgos, siendo las complicaciones durante el embarazo y el parto las principales causas de muerte para este colectivo en los países en desarrollo.

Aunque la mayoría de estas muertes podrían evitarse, la realidad de los países en desarrollo hace que esta problemática cobre la vida de muchas mujeres, niñas y niños al no contar con una atención sanitaria adecuada y a la falta de asistencia médica durante el embarazo y el parto por personal médico especializado. Además, la distancia física de los servicios de salud, la falta de información, la inexistencia de servicios adecuados y las prácticas culturales son otros factores que acentúan los riesgos.


[1] Organización Mundial de la Salud (2015): Evolución de la mortalidad materna: 1990-2015. Estimaciones de la OMS, el UNICEF, el UNFPA, el Grupo del Banco Mundial y la División de Población de las Naciones Unidas. Ginebra.  Ejemplar disponible en: www.who.int

A pesar de que la adolescencia no debería ser una etapa especialmente vulnerable desde el punto de vista de la salud, diversos factores como son el contexto, la cultura y la pobreza, pueden repercutir en el estado general de la salud de los y las adolescentes y en el acceso y en la calidad de los recursos sanitarios.

De hecho, en los países en desarrollo se registran tasas más elevadas de: embarazos no deseados, escaso uso de métodos anticonceptivos, falta de educación sexual y mayor prevalencia de infecciones como el VIH/SIDA, factores que aumentan las probabilidades de que este colectivo sea víctima de violencia o de prácticas culturales que vulneran los derechos humanos, como es el matrimonio forzado.

En África Subsahariana, además, debido a la alta tasa de fecundidad, el porcentaje de población de edades comprendidas entre los 0 y los 14 años, asciende alrededor del 43%, y la población de edades comprendidas entre los 10 y los 24 años, es aproximadamente del 32%.

Según datos de la UNPFA, entre el 10 y el 20% de las y los jóvenes señala haber tenido su primera relación sexual antes de cumplir los 15 años, y al desarrollarse la primera experiencia sexual en una situación de dudoso acuerdo, el uso de anticonceptivos es cuanto menos limitado (UNPFA, 2016). Es decir, nos encontramos ante un territorio que cuenta con una alta densidad de población infantil –juvenil, que se inicia en las prácticas sexuales tempranamente y que suele hacerlo en un contexto de gran desprotección y vulnerabilidad.

Asimismo, conviene recordar que en todos los ámbitos de la vida, el nivel de oportunidades de una persona, y también en lo que respeta a la salud sexual y reproductiva, depende en buena medida del acceso a la educación.

Muchos estudios corroboran que cuanto más alto es el nivel y la calidad educativa, menores serán las posibilidades de vivir en una situación de pobreza y desigualdad, y ello es especialmente valido para las niñas y las adolescentes de todo el mundo, las cuales se enfrentan a múltiples discriminaciones por motivos de género.

A nivel mundial, África presenta las mayores cotas de desigualdades entre los sexos en materia de educación: en los territorios occidentales y centrales en el periodo 2000-2015 se escolarizó en la escuela primaria el 68% de las niñas frente al 77% de los niños.

Pero a medida que avanza la edad, la brecha aumenta, ya que en el mismo periodo y en el mismo territorio, el porcentaje de niñas que se matriculó en la escuela secundaria fue del 31% frente al 38% de los niños.

En cuanto a los datos disponibles sobre uso de anticonceptivos, África vuelve a llamar a la atención por ser el territorio en el que menos uso se hace de estos métodos a nivel mundial. En África Occidental y central, la tasa de prevalencia de uso de anticonceptivos en mujeres de 15 a 49 años, asciende al 18% en relación al uso de cualquier método, y al 13% en relación al uso de métodos modernos (UNPFA,2016).

Matrimonio infantil

A la hora de analizar la situación de los DDSR en niñas y adolescente, una cuestión que es importante abordar es aquella inherente al matrimonio infantil. Esta vulneración de los Derechos Humanos de las niñas y de las adolescentes ha sido tratada en varias convenciones y acuerdos internacionales, entre ellas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece que el consentimiento no puede ser libre y pleno

cuando una de las partes involucradas no es lo suficientemente madura como para tomar una decisión informada sobre un compañero de vida”.

Además, en la Carta Africana sobre los Derechos y el Bienestar del niño, de 11 de julio de 1990 en su Artículo 21 se establece que:

Se prohíbe el matrimonio infantil y los compromisos matrimoniales de niños y niñas, y se tomarán medidas efectivas, incluso legislativas, para fijar la edad mínima para contraer matrimonio en dieciocho años y para establecer la obligatoriedad de la inscripción de todos los matrimonios en un registro oficial”.

No obstante, la realidad es que, según los datos de UNICEF de 2016, la región del mundo que cuenta con los porcentajes más altos de matrimonio infantil es África Subsahariana, donde el 40% de las niñas se casan antes de los 18 años y donde una de cada 8, lo hace antes de los 15 años.

Además, según la misma fuente, África Occidental y Central tenía en 2016 el mayor porcentaje de adolescentes casadas (27%), seguida de África oriental y meridional (21%). Según el informe de Amnistía internacional sobre la situación de los Derechos Humanos en el mundo (2016), en Burkina Faso, el matrimonio precoz y forzado sigue siendo una realidad que arrebata la vida a miles de niñas de 13 años.

En este país, solo el 16% utiliza un anticonceptivo moderno y casi el 20% de adolescentes de 15 a 19 años está embarazada. Según el mismo informe, algunas mujeres y niñas no saben que las relaciones sexuales podrían dar lugar a embarazos y otras afirman que los anticonceptivos eran muy caros para poder adquirirlos.

Diversos organismos internacionales a través de sus datos e informes, explican que África Subsahariana es el territorio donde la epidemia del sida ha cobrado la muerte de más personas.

Además, los datos indican que dentro de la población africana en la actualidad son las mujeres las que mayoritariamente contraen el virus.

Esta realidad ha hecho que se empiece a emplear el termino de feminización del VIH/Sida para designar cómo esta problemática afecta mayoritariamente a las mujeres que viven en el continente. Ello se debe a diversos factores.

En primer lugar, no debemos olvidar el hecho de que las mujeres africanas son más vulnerables en la medida de que escasamente pueden decidir sobre su cuerpo y tomar decisiones relacionadas con sus parejas y prácticas sexuales, ya que subyacen comportamientos y miedos que limitan su capacidad, como es la alta incidencia de relaciones no consensuadas, el matrimonio infantil, los embarazos no deseados en edades tempranas, la falta de educación sexual entre la población adolescente y adulta, el contexto de pobreza al cual muchas de ellas se encuentran condenadas y que graban sus posibilidades de acceder a recursos preventivos a tratamientos.

Asimismo, la propagación del VIH/SIDA se relaciona a menudo con la violencia de género, y por tanto, con los abusos y las violaciones sexuales de las mujeres. Ello hace que el virus se propague más en las chicas que en los chicos. Otro elemento que hace que las mujeres se vean más expuestas a esta enfermedad es la prostitución, así como el turismo sexual.

Según datos de la UPFRA de 2016, se estima que el 37% de las trabajadoras sexuales de África Subsahariana tiene el VIH-Sida. Además, según la misma fuente, hay otros factores como son los factores sociales y fisiológicos que hacen que las adolescentes africanas sean un colectivo particularmente en situación de riesgo ya que la tasa de adolescente con este virus supone más del doble de chicos de su edad.

La vulnerabilidad a las que se enfrentan las jóvenes se ve acentuada por la falta en el acceso a recursos de información y a servicios de salud sexual y reproductiva de carácter integral.

Otra cuestión muy importante en relación al VIH/Sida tiene que ver con que a menudo las victimas también son las niñas y los niños de las madres que padecen esta enfermedad, por un lado, por el riesgo de contraer la enfermedad durante el embarazo, parto o lactancia, y por otro, por quedarse huérfanos o huérfanas, cuando uno o los dos progenitores mueren.

Según datos de las OMS, en 2014 se produjeron 190.000 infecciones nuevas en niñas y niños.

Decidir libremente sobre la propia sexualidad y sobre el propio cuerpo es un derecho humano inalienable de todas las personas. Los colectivos LGTBI se enfrentan en todo el mundo a discriminación por el simple hecho de no encajar en los estándares de lo que se denomina “heteronormatividad”.

Desde los estudios feministas el modelo heteronormativo ha sido ampliamente cuestionado y criticado en la medida que legitima una única relación afectivo-sexual (la que se estable entre un hombre y una mujer) y un modelo único de familia (la familia tradicional) excluyendo la gran variedad de experiencias y formas de vivir la sexualidad humana.

Desde muchas corrientes feministas, se ha insistido en el hecho de que el modelo heteronormativo es un gran aliado del sistema patriarcal, en la medida que contribuye a mantener la relación de subordinación entre mujeres y hombres, lo cual en parte explicaría las resistencias a la hora de considerar igual de legitimas las relaciones y las identidades de género que se establecen dentro de los colectivos LGTBI.

La situación de estos colectivos en África Subsahariana, es particularmente difícil. Amnistía Internacional en su informe de 2016 sobre la situación de los Derechos Humanos en el mundo, señala que en África se sigue sin abordar la discriminación y la vulneración de los derechos humanos de las personas LGTBI. Estas personas fueron discriminadas y sufrieron abusos en Botsuana, Camerún, Kenia, Nigeria, Senegal, Tanzania, Togo y Uganda. De hecho, de los 54 países del continente, 38 siguen penalizando la homosexualidad utilizando instrumentos como la negación del acceso a la atención médica, detenciones, torturas, asesinatos y violaciones sexuales, para punir y “corregir” estos comportamientos.

Pero ¿qué hay detrás de la negación de la diversidad sexual?[1] A esta pregunta podemos contestar analizando diversos factores, a saber:

  • Prejuicios religiosos: la religión puede considerarse como uno de los mayores obstáculos a la hora de proteger los derechos de los colectivos LGTBI en la medida en que contribuye a la expansión de prejuicios que atentan a los intereses de las personas homosexuales. La homosexualidad se asocia a enfermedad sobre todo en un contexto donde el cristianismo y el islam se encuentran muy asentados, siendo religiones que se oponen a la diversidad sexual.
  • Prejuicios socioculturales: al igual que en muchas sociedades occidentales, otro obstáculo podemos encontrarlo en la heteronormatividad, que como decíamos, es un modelo que acepta como únicas y válidas las relaciones afectivos-sexuales entre un hombre y una mujer y que excluye de forma categórica las relaciones que no encajan en estos estándares, demonizándolas, deshumanizándolas y considerándolas como “antinaturales”. Asimismo, no podemos olvidar que tradicionalmente el fin de las relaciones sexuales es la procreación, por lo que la homosexualidad atenta a la reproducción social, y es considerada por tanto como un peligro para la supervivencia de las sociedades africanas.
  • Colonialismo y falta de compromiso político: en el imaginario colectivo y sobre todo desde el ámbito político se identifica la homosexualidad como herencia del colonialismo, hecho que apoya la idea de que es una “enfermedad extranjera” (Nyeck,2013) y por tanto no vinculada a la cultura africana.  Ello explicaría en parte la falta de compromiso político a la hora de crear instrumentos y medidas que permitan defender los derechos de estos colectivos.

Frente a esta situación, diversos colectivos africanos se han organizado para reivindicar sus derechos ante las comunidades y los gobiernos. Presentamos a continuación algunas de estas iniciativas:

Lambda, es una organización de Mozambique que trabaja para que el gobierno reconozca legalmente como entidad que lucha por la igualdad de las personas con independencia de su orientación sexual. Fue reconocida por el estado después de 7 años de lucha. Su web es la siguiente: http://www.lambdamoz.org/

Rainbow Sudan, ofrece asesoramiento a los colectivos LGTBI dando información sobre las leyes discriminatorias del país, y realiza actividades de sensibilización con el fin de combatir los estereotipos existentes en torno a la homosexualidad.

Gays and Lesbians of Zimbabwe, es una organización que se basa en la carta de los derechos humanos universales para impulsar su lucha por la igualdad en el país.

Eudy Simelane, fue una futbolista de Sud África que manifestó abiertamente ser lesbiana. Luchó para los derechos de las personas LGTBI. En 2009 fue asesinada tras haber sido víctima de una violación correctiva.  

Funeka Soldaat, es una activista sudafricana fundadora de la asociación Free Gender. Entre los ámbitos de actuación de la entidad encontramos la incidencia que realiza hacia el gobierno para que reconozca las violaciones punitivas como delitos de odios. Para más información sobre la asociación, remitimos su página web: https://freegender.wordpress.com/about/

Rotimi Fani-Kayode y Zanele Muholi: artistas que lucharon por los derechos LGTBI visibilizando a estos colectivos a través del arte, y concretamente a través de la fotografía.

 

[1] Para más información sobre los obstáculos de los colectivos LGTBI, se aconseja leer la tesis de Sandra Rodríguez Pintor de la Universidad Pontificia Comilla “Diversidad sexual y el África Subsahariana: límites y áreas de avance de los DDHH del colectivo LGTBI”, de 2015, disponible en: https://repositorio.comillas.edu/rest/bitstreams/2479/retrieve. Este apartado se ha redactado con base a este documento, entre otros.

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