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Mujeres de la Costa Caribe Norte Nicaragua

La Región Autónoma de la Costa Caribe Norte de Nicaragua cuenta con las tierras más fértiles del país pero con las mayores bolsas de pobreza. Con 32.000 metros cuadrados, el tamaño de Cataluña, acoge a siete parques naturales diferentes y tan sólo 300.000 personas. Más de la mitad de su población son menores de 19 años y la vida está marcada por la migración a la capital del país, Managua, o a otros países de Centroamérica ante la falta de oportunidades en mitad de la selva.

Además es una región que no es ajena a otros problemas del país como el narcotráfico y la venta ilegal de tierras comunales a empresarios en busca de tierra fértil que explotar.

Desde hace cinco años la ONGD Solidaridad Internacional / Nazioarteko Elkartasuna ha diseñado un programa de cooperación para generar herramientas de cambio. Detectó de forma conjunta con su socia local INGES, un eje de tierras fértiles, cercanas la capital Bilwi y con un alto potencial para implementar nuevas formas de trabajar la tierra y sus principales necesidades. Así ha implementado durante este tiempo un plan de formación para jóvenes y mujeres en liderazgo, junto con la creación de nuevas formas de trabajar la tierra a través de biofincas y la implementación de diferentes programas de formación profesional (ebanistería, producción de alimentos, apoyo a cooperativas, impulso de micro negocios). Han pasado ya los primeros tres años del inicio del programa y a continuación recogemos alguno de los casos de éxito de mujeres más esperanzados.

En total, han sido 126 personas productoras de hortalizas formadas, así como 42 empresarias agrícolas puestas en marcha. Más de 420 jóvenes han recibido un diplomado en liderazgo con otras 420 mujeres jóvenes conectadas entre sí a raíz de compartir talleres de emprendimiento.

Ahora la mirada está puesta en los próximos cinco años para acompañar en la maduración de todos los procesos puestos ya en marcha y la ilusión de comenzar a ver los resultados en una de las regiones con mayor potencial del país pero a su vez con altos índices de pobreza.

                                                                                                               

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INSTITUCIONES SOLIDARIA:

Artículos en este número...

  • 1
    Leticia Herrera: “Con mi huerto pagaré la universidad de mis hijos”
  • 2
    Derlis Lampson: “Pronto abriré mi propio puesto de comida”
  • 3
    Jhonra Noth: “He recuperado el interés por estudiar”
  • 4
    Milena García: “A los hombres les cuesta asumir mi autoridad en la cooperativa”

Voces y testimonios

Leticia Herrera: “Con mi huerto pagaré la universidad de mis hijos”

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Daniel ha dejado por un año los estudios. Dedica todo el día a acompañar a su madre, Leticia Herrera, en el cuidado de la tierra. Plantan flor de Jamaica, juca, bananos, pimientos, arroz, frijol, pepino, calabaza y cuentan con un invernadero propio para germinar nuevas semillas, además de criar a cuatro gallinas. Más de 20 vecinas siguen al detalle sus cultivos con ganas de sacarle tanto partido como ella a sus huertos.

Leticia se ríe. Cuando ella comenzó con su huerto le acompañaban otras seis vecinas. “Ellas desistieron: ni tenían la paciencia, ni la fe, ni las ganas de comprobar si iban a ser capaces de conseguir cultivar tanto”. Lo normal en Moss, su comunidad de la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte de Nicaragua, era comprar todos estos alimentos en Bilwi, la ciudad más cercana, y ser los hombres las únicas personas que se dedicaban a trabajar la tierra.

Ahora Leticia con su huerto ha convertido a 12 metros cuadrados de terreno en su gran despensa. “Hemos enriquecido la dieta de mis hijos e incluso dar salida en el mercado a mucho de los excedentes”. Con lo ahorrado espera que su hijo Daniel el año que viene retome los estudios y lo haga en una de las dos universidades de Bilwi.

Leticia es una de las 420 mujeres formadas en biofincas durante los últimos tres años por la ONGD Solidaridad Internacional – Nazioarteko Elkartasuna y su contraparte INGES con el apoyo de la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo. De todas las mujeres formadas, 126 ya son productoras de hortalizas. Y desde el mes de noviembre de 2018 cuentan con un puesto itinerante en el mercado del ayuntamiento de Bilwi para vender todos sus excedentes al público que lo desee. Un mercado ampliado también por parte de Solidaridad Internacional para generar nuevas oportunidades a todas las personas formadas en agroecología.

Voces y testimonios

Derlis Lampson: “Pronto abriré mi propio puesto de comida”

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Derlis Lamposon está de estreno. Desde hace una semana enseña a cocinar platos de comida diferentes a otras mujeres con las que comparte comunidad en Santa Marta, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte de Nicaragua. A dos horas del único centro urbano de la región, Bilwi, Derlis confía en que esas recetas ayudarán otras mujeres a obtener una entrada extra de dinero para sus familias con la venta de los platos.

Ayer vendieron en una mañana, un pastel de carne completo por 130 córdobas, cerca de cuatro euros. Derlis lo cuenta feliz. Mientras repasa cómo trabajan en el pastel del día. Faltan dos horas para mandarlo de nuevo a la única escuela de la aldea. Allí lo trocearán y lo ofrecerán en porciones a personal docente y alumnado. Hoy le acompañan Aurelia y Cintia que amasan los ingredientes a la espera de colocarlos al fuego.

Así espera Derlis formar a más de 30 mujeres a lo largo de todo el año en turnos de cuatro. “Acabamos de arrancar. Espero que las mujeres descubramos vías nuevas de mejorar nuestra economía familiar”. Lo explica ilusionada.

Durante los últimos tres años, Derlis ha sido la que ha recibido la formación tanto en liderazgo como en la producción de alimentos en huertos biológicos. La ONGD Solidaridad Internacional – Nazioarteko Elkartasuna junto con su socia local INGES ha trabajado con 420 mujeres de 21 municipios diferentes de la región, como Santa Marta, donde hoy Derlis se concentra para que todo salga bien.

Tras los tres años de capacitaciones, las mujeres cuentan con sus propios huertos en sus casas. El objetivo de los centros de procesamiento de alimentos es elaborar alimentos y obtener ingresos extras como pasteles, dulces o tartas. A lo largo de todo este curso escolar, Derlis coordinará el Centro de Transformación de Alimentos de Santa Marta dentro de las instalaciones de la parroquia.

Para después ya tiene sus propios planes: abrir en la entrada de su casa un puesto de comida. “Por aquí pasa la única carretera de la región. Seguro que muchos agradecen un puesto nuevo. Y así podré apoyar los estudios de mi hija”. El fuego ya  está listo. Derlis coloca bajo la llama el nuevo pastel de carne.

Voces y testimonios

Jhonra Noth: “He recuperado el interés por estudiar”

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A Jhonra Noth le cuesta hablar en público. Su lengua materna es el miskito y si debe hablar en castellano, no le sale natural, lo que le avergüenza. Aún así, acaba de aceptar el puesto de vice presidenta en la junta directiva de la organización de Mujeres de Miguel Bikan, su comunidad, consciente de que ya conseguirá ganar en seguridad en cada reunión.

A sus 24 años, el cargo lo vive como todo un reto y un impulso para su vida. Acaba de participar en una maestría de liderazgo juvenil y comunitario impartido por la ONGD Solidaridad Internacional en coordinación con INGES y la URACAN (Universidad de la Región Atlántica del Caribe Norte). “Sé que puedo involucrarme en la vida de mi comunidad, que puedo aportar ideas para mejorar nuestras vidas y que no puedo pasarme el día encerrada en casa”.

Para ella, la dispersión de las casas representa bien la soledad del día a día. Ella tiene que cuidar de su hija de dos años y vive con su pareja. “Quiero volver a estudiar, volver a estar en contacto con más gente y mejorar nuestras vidas”, insiste. Ya ha comenzado las clases de secundaria. Sueña con algún día dar el salto también  a la universidad. “Tengo claro que cuanto mejor esté formada más ayudaré a mi hija”.

El 24% de las mujeres adolescentes de su región están embarazadas. El 36% reconoce haber sufrido violencia en sus casas y el 26%, violencia sexual. El hecho de fortalecer las redes entre jóvenes, es para Solidaridad Internacional una manera de generar cambios de vida. Y en el caso de Jhonra la maestría le ha dado el impulso necesario para no sólo dedicarse a las tareas de su hogar. “Quiero estar más en contacto con otras mujeres. Debemos mejorar nuestras vidas y en eso estamos”.

Voces y testimonios

Milena García: “A los hombres les cuesta asumir mi autoridad en la cooperativa”

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A El Naranja, comunidad de la Región Autónoma del Caribe Norte, el huracán Fenix golpeó con fuerza en el año 2009 pero les ofreció también una oportunidad: gestionar toda la madera de los árboles derribados. Así surgió una cooperativa de madera entre muchos de sus habitantes para juntos trabajar para sacar, serrar y vender la madera.

Esa cooperativa tiene hoy otra gran oportunidad: ser la primera de la región dirigida por una mujer, Milena García. Lleva un año en el puesto pero no sabe cuánto más durará. En cada junta lo nota: “A los hombres les cuesta asumir mi autoridad”. Aunque la escogió la mayoría, sigue sin la confianza de todas las personas de la junta.

Durante los últimos tres años, la ONGD Solidaridad Internacional también ha trabajado con las personas que hacen parte de la cooperativa para renovar la maquinaria y dotarles de las herramientas básicas para contar con un propio aserradero. “Por fin, recibimos madera de otros para gestionar todo el corte”. Tienen la carga asegurada para un año más y Milena sabe que más allá del cierre económico, su mandato ayudará a posicionarse a las mujeres en la vida pública de El Naranjal.

Hoy da empleo a cinco de las 420 mujeres a las que Solidaridad Internacional ha apoyado en toda la región en procesos de empoderamiento a través de capacitaciones.